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¡Nos vamos a plantar árboles a la sierra!

En la Asociación Murialdo conocemos la necesidad cuidar el medioambiente, y creemos que es muy importante incluir en la formación de nuestros chicos y chicas la educación medioambiental. Por eso nos encantó que la Asociación Reforesta nos invitara a la Sierra de Madrid a realizar una divertida actividad medioambiental: ¡estuvimos plantando árboles!

En la Sierra de Guadarrama hay una zona que ha quedado medio desértica debido a la acción humana, cambiando totalmente su apariencia. Sin embargo, es un territorio que ha sido declarado Parque Nacional, por lo que debemos mejorar y preservar su ecosistema. A través de la repoblación de árboles, se pretende regenerar la vegetación autóctona que se ha perdido a lo largo de los años, y aumentar la diversidad de especies de árboles plantadas (enebros, robles, madroños, encinas, escaramujos…), para que fortalezcan el bosque y den refugio y alimento a la fauna que habita en la sierra.

Y esa es la zona donde nosotros aportamos nuestro granito de arena para la repoblación, además de realizar una actividad educativa, lúdica y medioambiental de manera totalmente gratuita. Este tipo de experiencias son además muy beneficiosas para los chicos y chicas del Servicio de Prevención, pues rompen con la rutina habitual y nos ayudan a trabajar con ellos otros valores y fomentar el desarrollo de otro tipo de habilidades:

Desarrollo de la seguridad y la autonomía.

En los entornos naturales los niños normalmente tienen una mayor independencia que en la ciudad, les ofrece estímulos con los que los niños pueden interactuar en un espacio abierto, dándoles sensación de libertad pues tienen la capacidad de moverse más libremente. Esta autonomía suele despertar mayor interés y curiosidad por lo que nos rodea, permitiendo que cada niña o niño siga su propio ritmo y mejorando la autoestima y la capacidad de adaptación.

Desarrollo de la psicomotricidad.

En el campo normalmente es más difícil moverse, pues encontramos más obstáculos en el camino. Además, los niños normalmente se sienten atraídos por estímulos como trepar a un árbol, saltar un río, subirse a una piedra… Este tipo de actividades estimula el desarrollo de habilidades psicomotrices, pues los niños trabajan cualidades como el equilibrio, la coordinación o la fuerza.

Aprendizaje cognitivo y emocional.

Tocar, ver, oír, oler… El hecho de interactuar directamente con el medio permite que el aprendizaje sea más concreto, por ejemplo, no hablamos de norte o sur en modo abstracto, sino vemos que podemos reconocer el lado norte de un árbol porque tiene musgo. Así, el contacto con la naturaleza favorece el desarrollo intelectual pues los estímulos y sensaciones que recibe el niño a la hora de aprender hacen que lo que aprenden vinculado a esas experiencias se grabe más fácilmente en su memoria. Además, estas experiencias y estímulos también despiertan una serie de emociones en los niños, que aprenden valores como la tolerancia, la frustración, la empatía o la responsabilidad, desarrollando una relación de respeto y beneficio mutuo. La serenidad y la calma necesarias para la observación de la naturaleza disminuyen el estrés y el nerviosismo que pueden afectar a los niños y niñas que viven en la ciudad. Así, el contacto con la naturaleza ayuda a desarrollar habilidades de aprendizaje y una serie de competencias que les serán muy útiles en el futuro.

Vida saludable.

El contacto con un entorno natural combate uno de los problemas de la sociedad actual, el sedentarismo, animando a los niños a explorar y moverse por el espacio. Así, los niños que se relacionan con la naturaleza tienen menos posibilidades de sufrir obesidad, déficit de atención o desórdenes del sueño. Además, el entorno natural favorece la producción de endorfinas, lo cual mejora el estado de ánimo y disminuye el riesgo de padecer trastornos como depresión, ansiedad o estrés.

Inclusión social.

En los últimos tiempos, la posibilidad de ir al bosque o la montaña se ha convertido en otro signo de desigualdad social. No todas las familias tienen la posibilidad de ir habitualmente a pasar el día a la naturaleza, por lo que es importante trabajar para que todo el mundo pueda disfrutar responsablemente de la naturaleza. Por otro lado, los entornos naturales normalmente son escenarios igualitarios donde es más difícil encontrar condiciones que discrimine a algunos niños o niñas. Además, estos escenarios suelen propiciar la creación de relaciones de colaboración, de trabajo en equipo, disminuyendo la agresividad.

Estas son sólo algunas de las habilidades que se pueden trabajar en un entorno natural, por lo que no hay que olvidar la importancia de que los niños y niñas de hoy en día mantengan una estrecha relación con la naturaleza aunque vivan en la ciudad. Y además de todo esto, estuvimos ayudando a repoblar una zona con árboles, por lo que fue un día muy beneficioso tanto para la naturaleza como para nuestros chicos y chicas. Por eso, agradecemos de corazón a la Asociación Reforesta por brindarnos la oportunidad de vivir una experiencia tan divertida y educativa. ¡Esperamos poder repetir pronto!

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¡Los de Pangea nos vamos a la piscina!

Parece que por fin ha llegado el calor para instalarse y no moverse de Madrid en los próximos meses, y en ausencia de playita, ¡menos mal que tenemos las piscinas! Los peques del proyecto Pangea disfrutan al máximo de esta actividad, cargados con sus toallas, gorras, bañadores y hasta gafas de bucear. ¡El calor se lleva mucho mejor en remojo rodeado de tus amigos!

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Gracias a la colaboración de la delegación de deportes y el ayuntamiento de Getafe, todos los niños tienen la oportunidad de no perderse uno de los mejores planes del verano. El paseo al sol hasta la piscina desde luego merece la pena, porque a la vista salta lo bien que se lo pasan entre juegos acuáticos o en las toallas. Eso sí: ¡imprescindible llevar en la mochila protector solar para no acabar como un cangrejo!
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